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Lizzy
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Ejercicio físico y psoriasis






La psoriasis se manifiesta en la piel, pero el problema yace bajo ella, y la mejor forma de prevenir los brotes es mantenerse activo y en buena forma. Te explicamos cómo el ejercicio físico combate esta enfermedad.


Cómo ayuda el ejercicio físico en el control de la psoriasis

La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que se debe a una alteración en nuestro sistema de defensa: el sistema inmunitario. Los investigadores estudian cómo el cambio del estilo de vida y el ejercicio físico pueden alterar el curso de esta enfermedad, y aunque todavía no existe una evidencia científica significativa para considerar la práctica de deporte como un factor preventivo en la psoriasis, sí se ha demostrado que el ejercicio físico constituye un hábito protector en aquellos pacientes que presentan una mejor evolución.

Estudios recientes indican que realizar ejercicio físico regular de intensidad moderada en personas con psoriasis conlleva menor número de brotes al año, menor severidad de los brotes, y un mejor control de enfermedades metabólicas relacionadas (hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, enfermedades cardiovasculares y obesidad).

Se ha demostrado en estudios epidemiológicos que las personas con psoriasis suelen ser más sedentarias que las personas sin psoriasis. Un estudio publicado en la revista American Journal of Clinical Dermatology en 2014, por T. Torres, realiza una comparativa de actividad física en 250 personas. De éstas, las que sufrían psoriasis habían reducido sus niveles de actividad física en comparación con personas que no sufrían psoriasis y que no seguían los niveles recomendados de ejercicio físico. La revista British Journal of Dermatology publica en 2014 un estudio por L. Naldi et al. que demuestra que una intervención dietética de 20 semanas. asociada a un incremento del ejercicio físico. reduce la severidad de la psoriasis en pacientes con sobrepeso que son tratado por psoriasis activa.

Si no se sigue un tratamiento adecuado para controlar la psoriasis y las enfermedades comórbidas relacionadas con ella por el sedentarismo (se consideran enfermedades comórbidas a todo trastorno de la salud que deriva de una patología previa), es probable que terminen apareciendo otros trastornos de salud cada vez más severos. Las comorbilidades más comunes de la psoriasis son: la diabetes, la obesidad, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.

Por este motivo, es importante mantener un estilo de vida saludable, evitar el sobrepeso, no consumir alcohol o tabaco, mantener una vida activa, y realizar ejercicio físico regularmente.


Psoriasis, sedentarismo y salud


La psoriasis es un trastorno que involucra una parte muy visible de nuestro cuerpo, la piel. Se presenta como estigmas que obligan a conformar el estilo de vida de las personas afectadas a actividades en las que no sea necesario exponer las lesiones en la piel. Más de la mitad de los pacientes con psoriasis reconoce que le avergüenza enseñar su cuerpo en público, por lo que pueden llegar a evitar actividades en el exterior, realizar deportes, acudir al gimnasio, o ir a la piscina/playa. Esto conlleva a que la población afectada realice actividades cada vez más sedentarias, lo que es especialmente perjudicial para estos pacientes porque cada vez más estudios epidemiológicos reconocen la asociación entre la psoriasis y enfermedades metabólicas como obesidad, diabetes, y enfermedad cardiovascular.



Beneficios del ejercicio físico para la psoriasis






Cualquier aumento en el nivel de la actividad física diaria constituirá un paso a favor para evitar la aparición de las enfermedades asociadas a la psoriasis, ya que se traduce en un mayor trabajo cardiorrespiratorio y una mejoría en la condición física, reduciendo el riesgo de padecer obesidad, hipertensión, diabetes, dislipemias, o enfermedades cardiovasculares. Se puede empezar por tomar algunas decisiones saludables todos los días como: ‘subiré por las escaleras’, ‘iré caminando hasta la tienda’, ‘pasearé por el parque con María’…

Además, debemos informarnos y tener una educación sanitaria básica que nos ayude a comprender que nuestras lesiones en la piel, aunque son visibles, también son tratables, y que tenerlas durante un período de tiempo no supone que debamos de avergonzarnos ni alterar nuestras actividades por su causa. Si no podemos soportar que los demás vean las lesiones, y esto nos impide practicar deporte al aire libre o en el gimnasio, por ejemplo, es conveniente contar con algún apoyo psicológico que nos permita superarlo.

Realizar ejercicio aeróbico de intensidad moderada proporciona grandes beneficios fisiológicos a cualquier persona y, por supuesto, a los pacientes con psoriasis, a los que aporta los siguientes efectos beneficiosos que ayudarán a controlar la evolución de la enfermedad:

Reactiva el metabolismo corporal. El hecho de realizar ejercicio físico vigoroso producirá una activación de nuestros músculos, nuestro sistema cardiovascular y nuestro sistema respiratorio; además, se liberan hormonas, y el metabolismo basal que logra que todo esto suceda aumenta.

Ayuda al manejo de los niveles de lípidos y azúcares en la sangre. Al hacer ejercicio físico, sobre todo aeróbico, realizamos un esfuerzo cardíaco que mantiene a nuestros vasos sanguíneos permeables y libres de acumulación de grasas. Activar nuestros músculos de manera más vigorosa a la normal, hace que utilicemos aquellos azúcares que puedan estar libres en sangre y, por ende, regularizar los niveles de glucemia.

Mejora la efectividad de nuestro sistema inmune. Ayuda a activar las células de defensa que circulan por todo nuestro cuerpo a través del torrente sanguíneo de manera más exhaustiva al realizar ejercicio físico, y logran llegar a aquellas zonas donde se debe modular la inflamación presente en la psoriasis.

Mejora el condicionamiento de nuestros vasos sanguíneos y corazón. El corazón está compuesto de músculo, y el ejercicio físico lo irá condicionando de manera progresiva. De manera concomitante, este esfuerzo hace que el bombeo del corazón sea más fuerte, y evita la acumulación de placas de ateroma en nuestros vasos sanguíneos.

Disminuye la conservación de energía calórica, con la consecuente pérdida de peso. Al aumentar la actividad física que realizamos disminuiremos la cantidad de calorías preservadas. Si no acumulamos calorías en nuestro cuerpo, perderemos peso.

Mejora la autoestima y la percepción de la imagen corporal. Cualquier ejercicio físico que practiquemos tendrá una recompensa. En principio nos notamos con mayor energía durante el día, luego observamos cambios en nuestro tono muscular y disminución de peso. Esto nos hará sentirnos bien con nosotros mismos por el esfuerzo realizado y también con nuestro cuerpo.




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