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Lizzy
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Adicción a la cocaína





La cocaína es una droga del grupo de las sustancias psicoactivas, es decir, que produce efectos estimulantes directos sobre el sistema nervioso central, principalmente sobre el cerebro. Entre sus características diferenciadoras está su alta capacidad de producir adicción, por lo que aun en pequeñas dosis puede generar una gran dependencia; otro de sus efectos es una rápida tolerancia a la dosis, por lo que se requiere consumir cada vez mayor cantidad para conseguir los mismos resultados, sin que el individuo sea consciente de que con ello se inicia el ciclo de toxicidad que acompaña la adicción a la cocaína

Se trata de una droga especialmente perniciosa para la salud, tanto física como mental, incluso en pequeñas dosis, siendo sus efectos peores cuanto más tiempo se lleve consumiendo o cuanta más cantidad se use, y extendiéndose sus consecuencias más allá del ámbito personal, al afectar también a la pareja, familia y amigos. Al ser una sustancia estimulante provoca en el consumidor una euforia rápida y momentánea, acompañada de una ficticia sensación de bienestar e hipervigilancia, que hace que el sujeto se muestre más enérgico y experimente una disminución del apetito y de la necesidad de dormir, a consecuencia de la estimulación química de las vías dopaminérgicas de los centros del placer del cerebro, a la vez que se inhiben los centros de la autoregulación, por lo que es más fácil presentar conductas desinhibidas, que pueden llegar a poner en riesgo la propia vida del consumidor, o la de otros si por ejemplo conduce un vehículo bajo los efectos de la droga.

El consumo de cocaína provoca una sobreexcitación del organismo, con un incremento de los latidos cardíacos, la presión arterial y la temperatura corporal y, dependiendo de la cantidad de droga, también puede desencadenar ansiedad, temblores, irritabilidad, paranoia y comportamiento violento. Tras un corto período de tiempo, que abarca desde unos pocos minutos hasta una hora después del consumo de la sustancia, se produce el efecto contrario, una fuerte caída del estado de ánimo acompañado de apatía, que ha sido equiparado a entrar drásticamente en un estado depresivo.

Aunque la idea no está generalizada en todos los consumidores, los más jóvenes suelen compartir la creencia de que se trata de una droga sexual, con efectos similares a la viagra, lo que les incita a probarla y a iniciar un consumo regular, con el agravante añadido de que muchos la mezclan con alcohol u otras sustancias tóxicas, lo que dificulta aún más las posibilidades de tratamiento.


Causas y consecuencias de la adicción a la cocaína





Una de las principales causas de la adicción a la cocaína es que la corta duración de la sensación de euforia que provoca su consumo y la fuerte caída emocional posterior, hacen que el consumidor sienta la necesidad de volver a consumir para mantener ese estado ficticio de bienestar y favorece que se enganche a la sustancia; así, cuanto más consume, más necesidad tendrá de seguir haciéndolo, aun a sabiendas de que sus efectos son banales y pasajeros.

La administración repetida de dopamina en el cerebro y la estimulación de los centros de placer, hacen que se pierda progresivamente la efectividad de otras formas de gratificación. Esta adicción va a ir acompañada además de dos consecuencias nocivas, la primera es una tolerancia a la droga, lo que hace que cada vez sea necesaria una dosis mayor para obtener los mismos resultados, y la segunda una sensibilización a los efectos tóxicos de la droga, es decir, que el individuo va a sentir con mayor intensidad taquicardias, temblores y ataques de ansiedad.

Con respecto a los aspectos psicológicos y sociales las causas de la adicción a la cocaína son muy variadas, pudiendo iniciarse su consumo de forma accidental o esporádica en el marco de un ambiente social favorable al consumo de estas sustancias, o debido a un trabajo estresante que exige de mayores niveles de atención y rendimiento.


Consecuencias de la adicción a la cocaína


Entre las consecuencias crónicas del consumo de cocaína está la disminución drástica del apetito, lo que va a provocar una restricción en la ingesta y, por tanto, una pérdida importante de peso, igualmente pueden presentarse episodios paranoides, con alucinaciones auditivas, junto a una pérdida del sentido de la realidad. Además, y dependiendo del modo de uso de la droga, también va a tener importantes secuelas físicas debido a sus efectos de sobreexcitación del sistema sanguíneo.

Precisamente a causa de estos efectos de hipervigilancia es por lo que el consumo de esta droga se extendió entre los altos ejecutivos de las grandes empresas durante los años ochenta, que se justificaban a sí mismos por la necesidad de rendir más allá de sus posibilidades, ya que la cocaína les permitía pasar períodos sin necesidad de comer ni dormir y con una gran lucidez; unos efectos aparentemente deseables, pero que les acarreaban consecuencias perniciosas para la salud.

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