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Lizzy
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Carboxiterapia






Desde mediados del siglo pasado, el dióxido de carbono (CO2) se ha utilizado con fines terapéuticos para mejorar problemas vasculares o de circulación sanguínea. Las primeras terapias se realizaron en los años 80 en balnearios de aguas termales, ya que el agua tibia junto con el gas carbónico resultaba beneficiosa en aquellos pacientes que presentaban arteriopatías –esto es, la disminución del riego sanguíneo provocada por el estrechamiento y endurecimiento de las arterias–, problemas reumatológicos y de la piel.

Sin embargo, a pesar de que se conoce desde hace bastantes décadas y de que sus orígenes sean terapéuticos, el verdadero auge de la carboxiterapia se ha producido en la actualidad cuando esta técnica ha empezado a utilizarse con fines estéticos para mejorar, entre otros, el aspecto de la piel de la cara, cuello y escote.

Y es que las infiltraciones de dióxido de carbono no sólo minimizan las marcas de las estrías, mejoran la flacidez y reducen la celulitis, sino que ya están siendo aplicadas también en los tratamientos de estética facial para disimular las ojeras, la papada, las cicatrices causadas por el acné o para frenar la alopecia, entre otros.


Tipos de tratamientos de carboxiterapia


La aplicación del dióxido de carbono puede realizarse mediante tres procedimientos diferentes. Los tipos de carboxiterapia existentes son los siguientes:

Microinyecciones o infiltraciones subcutáneas. Este tratamiento se realiza con un equipo especializado que cuenta con unas agujas muy finas a través de las cuales se inocula en la piel el gas (medicinal, con una pureza del 99%), que llega hasta estas agujas desde un tanque mediante un conducto flexible. Es muy importante controlar la dosis de dióxido de carbono, la velocidad del flujo del gas y el tiempo que dura la infiltración. En este sentido y por lo delicado de la técnica, se recomienda que sólo lo lleven a cabo profesionales que cuenten con formación y certificación específica para ello.

Baño en gas seco. Tras humedecer la piel de la persona que va a realizarse el tratamiento de carboxiterapia, se le coloca un traje o cobertor de plástico que se cierra herméticamente, salvo por un orificio de entrada que será por donde entre el gas. Una vez cerrado, se introduce el dióxido de carbono; la exposición al gas suele durar unos 15 minutos y, en este tiempo, los vasos sanguíneos se dilatan produciendo así la mejora de la circulación sanguínea y una notable mejora del aspecto de las cicatrices, estrías y otras marcas de la piel. Al igual que en el tratamiento anterior, éste también debe ser realizado por profesionales especializados en dicha técnica.

Piscinas de agua tibia con dióxido de carbono. Es, sin duda, el menos invasivo de los tres tratamientos de carboxiterapia y el que más se acerca a los tratamientos iniciales con dicho gas. La persona deberá sumergirse y caminar durante unos 10-15 minutos en estas piscinas o termas bajo la supervisión de un terapeuta especializado. Este procedimiento tiene notables beneficios en el sistema circulatorio de las piernas.

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