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Lizzy
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6 consecuencias por comer harinas refinadas

¿Sabías que, además de dificultar la digestión, el consumo de harinas refinadas puede estar relacionado con un mayor riesgo de depresión? Además, lejos de brindarnos energía, pueden generarnos mayor somnolencia.




Las harinas refinadas hacen parte de la alimentación regular de millones de personas en todo el mundo y, aunque se han hecho advertencias sobre su consumo, muchos aún desconocen cuán perjudiciales pueden ser para la salud.

Este producto atraviesa una serie de procesos industriales que, por desgracia, reduce su calidad nutricional y propiedades.

Si bien en cantidades mínimas no causan efectos significativos, su ingesta excesiva y frecuente puede producir algunas reacciones indeseadas en el organismo.

Lo más preocupante es que están incluidas en muchos productos alimentarios del mercado y, debido a esto, es difícil frenar su consumo.

Sin embargo, es importante que todos conozcan las consecuencias de comerlas en exceso para, por lo menos, tratar de limitarlas al máximo en la dieta.

¡Mucha atención!

1. Aumentan el riesgo de diabetes





Las personas que ingieren este ingrediente todos los días tienen un alto riesgo de sufrir de diabetes en comparación con aquellos que eligen las harinas integrales.

Estas contienen altos niveles de hidratos de carbono simples, los cuales producen picos altos de azúcar al no ser empleados como fuentes de energía para el cuerpo.
En específico, la amilopectina, uno de sus carbohidratos, se convierte con facilidad en azúcar y afecta los niveles de glucosa en la sangre.


2. Producen sobrepeso

Los alimentos elaborados con harinas refinadas son uno de los responsables del aumento de peso corporal y las dificultades metabólicas.

El consumo de este ingrediente es uno de los mayores obstáculos para quienes buscan bajar de peso de forma saludable.
Sus hidratos de carbono ralentizan el ritmo del metabolismo y, al aumentar la glucosa de la sangre, eleva la acumulación de grasa, sobre todo en la zona abdominal.
Por otro lado, ya que no son saciantes, elevan la ansiedad por la comida.


3. Dificultan la digestión





Una de las características de este tipo de harinas es que, debido al proceso al que son sometidas, más del 80 % de su fibra dietética se desaparece.

Fruto de esto, tras ser ingeridas, se producen enfermedades en el sistema digestivo y el colon.

La poca cantidad de fibra causa dificultad en la digestión del alimento y, a su vez, genera estreñimiento e inflamación.
Por otro lado, también produce alteraciones en la flora bacteriana del intestino, aumentando los gases, la indigestión y el dolor.


4. Aumentan el riesgo de enfermedades inflamatorias

Las personas expuestas a factores de riesgo de enfermedades inflamatorias como la artritis deben mantener excluir este ingrediente de sus planes de alimentación.

Aunque en porciones mínimas no genera reacciones significativas, su ingesta habitual puede desencadenar respuestas inflamatorias por parte del sistema inmunitario.

Esto se le atribuye a los desequilibrios que produce en la glucosa de la sangre, la cual interfiere en las funciones que transforman las proteínas en fuentes de energía para el cuerpo.

Al acumularse genera una reacción llamada glicación, lo que produce un proceso inflamatorio en los tejidos sanos.


5. Pueden producir intolerancias





Las intolerancias alimentarias producen reacciones inflamatorias en el organismo y una amplia variedad de síntomas digestivos que afectan la calidad de vida.

Las harinas refinadas contienen altos niveles de gluten, un tipo de proteína de difícil digestión que puede producir este tipo de problemas.


6. Elevan el riesgo de depresión


Mientras que comer alimentos refinados produce una ligera sensación de placer momentáneo, la acumulación de sus hidratos de carbono se relaciona con la tendencia a tener depresión y bajas en el estado de ánimo.

Estas sustancias, que elevan la glucosa en la sangre, alteran la química del cerebro y producen una sensación de cansancio físico y mental.
Están vinculadas con los trastornos de sueño y la reducción de la productividad durante las tareas cotidianas.

Lejos de brindarle energía al organismo, generan sensación de fatiga y somnolencia.

Esto explica por qué, tras comerlas, algunos se sienten bajos de ánimo y con la necesidad de tomar una siesta.

¿Sueles consumir este alimento como parte de tu dieta habitual? Si es así, y muchos de tus productos lo contienen, procura tomar medidas para empezar a limitar su ingesta lo antes posible.

Aunque es difícil eliminarla por completo de la dieta, hay muchas alternativas saludables que ayudan a remplazarlas en una amplia variedad de recetas.

Si bien puedes pensar que no te hacen mal, tras reducir su consumo te darás cuenta de cuán beneficioso es para tu cuerpo.

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