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Lizzy
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Cómo aprender a distinguir nuestras emociones






Para evitar que todas las emociones que no gestionas terminen yendo en tu contra, es importante que empieces por un paso fundamental: saber distinguirlas.

Esto puede parecer una tontería, sin embargo, muchas más veces de las que pensamos confundimos lo que sentimos menospreciando la importancia que tiene.

Hay personas que se muestran irascibles y enfadadas, cuando en realidad lo que sienten es tristeza. Es una manera de encubrir una emoción a la que no le quieren hacer frente, que no quieren aceptar y, por ende, no desean distinguir.

Esto causa muchos problemas, ya que una tristeza no identificada puede llevarnos a sufrir depresiones e incluso episodios de ansiedad muy intensos que no sabremos decir de dónde provienen.

Distinguir nuestras emociones, saber si sentimos tristeza, rabia, celos, furia, etc., nos permitirá ir al origen de esa emoción, lo que la ha provocado para así gestionar la situación lo mejor posible.

En el momento en que no hacemos esto, todo se descontrola, se nos empieza a ir de las manos. Por lo tanto, es importante aceptar lo que sentimos, para así distinguirlo y ponerle solución.

Las emociones que no gestionas, tampoco las etiquetas
Etiquetar las emociones es darles un nombre. Esto que siento es rabia, aquello frustración, me has hecho sentir un poco ansioso…

Cuando hemos atravesado por el primer paso en el que las emociones son aceptadas y distinguidas, es importante ponerles un nombre. ¿Por qué?

Porque en el momento en el que etiquetamos una emoción sabemos lo que es, a qué nos estamos enfrentando y cómo podemos hacerle frente.





Aumentar nuestra inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un concepto que hace referencia a la capacidad de reconocer, identificar y etiquetar todas aquellas emociones que sentimos.

Sin embargo, esto también nos permite ampliar nuestra conciencia para así darnos cuenta de cómo impactan en nuestra mente y en nuestra vida. De cómo la dirigen.

No obstante, esto es algo que no se suele propiciar, por lo que nuestra inteligencia emocional se atrofia provocando que tengamos una serie de conflictos que podrían ser fácilmente resueltos.

Un ejemplo de esto puede ser aquella persona que explota de vez en cuando porque no sabe gestionar sus emociones de la manera adecuada.

En vez de potenciar su inteligencia emocional y empezar a aprender a expresar sus emociones de forma correcta, lo que hace es continuar en la misma dinámica de retenerlas.

Sin embargo, las emociones, tarde o temprano, salen. Pueden manifestarse en forma de ansiedad, depresión, brotes de ira o esas explosiones en las que la persona estalla de manera exagerada en un momento totalmente inadecuado.

Esto denota una falta total de inteligencia emocional.



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