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Lizzy
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Síndrome de Koro






Si eres hombre, imagina que un día te despiertas y sientes que tu pene se ha retraído. Y te llegas a obsesionar tanto con esa retracción que piensas que el órgano va a acabar introduciéndose en tu abdomen, e incluso matándote. Si eres mujer, imagina lo mismo con tus pezones; o con los labios de tu vulva. Cuesta ponerse en situación, pero estos síntomas, a grandes rasgos, son los que sufren las personas que padecen el síndrome de Koro, también conocido como de retracción genital, un trastorno psiquiátrico que encuentra su origen en la cultura asiática, aunque puede llegar a ser más habitual de lo que pensamos en Occidente.

Las primeras referencias a este síndrome se encuentran ya en un texto chino del año 300 a. C., aunque no fue reconocido como tal hasta 1970. Hasta entonces, y también posteriormente a su catalogación como trastorno psiquiátrico, se han registrado en distintos países asiáticos varios brotes del síndrome, que en sus casos más llamativos han llegado a afectar a miles de personas que, a la vez, y a través de la transmisión de mitos e información falsa, llegaron a creer que sus genitales se retraían, en una especie de contagio masivo y de histeria colectiva.

Los síntomas del síndrome de Koro, que suelen ir acompañados de importantes cuadros de ansiedad, pueden padecerse durante unas horas, alargarse unos días, e incluso, en los casos más graves, cronificarse hasta que se erradican mediante la atención psiquiátrica, ya que en estos últimos su manifestación suele estar ligada a otro tipo de enfermedades mentales. Su prevalencia es mucho mayor entre los hombres, pero también, como decíamos, hay documentados numerosos casos en mujeres.

Dos tipos de síndrome de Koro

El síndrome de la retracción genital se clasifica en dos subtipos en función del estímulo que lo desencadena. Así, el Koro primario sería el más habitual en los países asiáticos, ya que tiene un fuerte componente cultural y suele ser más frecuente entre personas con poca información sexual, con tendencia a creer en conjuros, hechizos, maleficios y otros castigo sobrenaturales. No en vano, muchos de los pacientes asocian la retracción de sus genitales a una relación sexual con una prostituta o al exceso de masturbaciones, como si fuese un castigo divino a su impureza.

El Koro secundario es el más frecuente en Occidente y, en general, en cualquier rincón del planeta alejado de la cultura asiática. Lo más normal en estos casos es que la aparición de los síntomas se relacione con otros problemas psiquiátricos de base, y los afectados no suelen alcanzar los niveles de ansiedad y de terror por la posibilidad de morir que sí suelen ser habituales en el Koro primario.

Tratamiento del síndrome de Koro

El síndrome de Koro no suele revestir mayor gravedad, aunque en los casos más espinosos los afectados pueden incluso autolesionarse en los genitales en su intento por evitar que estos se retraigan. En todo caso, su tratamiento varía en función del tipo de Koro que se padezca. En el primario, por ejemplo, suele bastar una terapia psicológica, así como brindar educación sexual a las personas, para que se convenzan de que ninguno de sus órganos va a desaparecer, y remitan los síntomas.

En el caso del Koro secundario, por su parte, al ser un síntoma y manifestación de otra enfermedad psiquiátrica más grave, los afectados, una vez diagnosticado el problema de base, pueden precisar tratamiento médico y psiquiátrico para que los síntomas del síndrome de la retracción genital se desvanezcan.

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