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Lizzy
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Citología cervical






La citología cervical es una prueba diagnóstica en la que se examinan células del cuello uterino. El cuello del útero, también conocido como cérvix, es la parte inferior y más estrecha del útero y está localizado al final de la vagina. Las células se obtienen introduciendo un cepillo y una pequeña espátula en la vagina con los que se realiza un suave raspado en el cuello del útero. La muestra se extiende en un cristal llamado porta o se mete en un líquido conservante para mirarla posteriormente al microscopio.

La citología cervical o de cérvix también se llama comúnmente citología vaginal, frotis vaginal o test de Papanicolaou, en honor a un médico griego que desarrolló esta técnica en la primera mitad del siglo XX.

El objetivo de esta prueba es detectar lo antes posible la existencia de un cáncer de cuello de útero, o de lesiones precancerosas en el mismo, con el fin de tratarlo lo más precozmente posible. En casi todos los casos, el cáncer de cérvix se asocia a una infección por un virus llamado, virus del papiloma humano (VPH), que se adquiere por vía sexual. Este virus origina cambios en la morfología y en las estructuras de las células del cuello del útero que hace que se puedan trasformar en células malignas. En el raspado que se hace durante la prueba se recogen estas células, las cuales pueden presentar cambios pre-malignos, indicativos de que están evolucionando hacia cáncer, o pueden ser ya células cancerosas.

También se puede detectar el VPH en las muestras que se toman del cuello del útero. Para ello, alguna de las muestras que se toma del cérvix se envía al laboratorio para investigar la presencia de este virus. Sin embargo, todavía no se han determinado claramente cuándo se debe realizar la prueba de detección del VPH y su utilidad.

Las recomendaciones para hacerse una citología cervical cambian en los diferentes países e incluso cambian entre las instituciones médicas dentro del mismo país. En general se recomienda comenzar a hacerlas a los tres años del inicio de las relaciones sexuales, a partir de los 21-25 años dependiendo de los países, y repetirlas al menos cada tres años. Pueden recomendarse controles más frecuentes si los resultados previos no son del todo normales o la mujer tiene algunos factores que puedan facilitar la aparición de tumores, como la infección por el VIH u otros trastornos inmunológicos.

Cuando han pasado cinco años de la última citología, algunas organizaciones recomiendan una citología anual durante los dos primeros años y posteriormente cada tres años. Las mujeres embarazadas y las mujeres que están vacunadas del VPH también deben realizar sus citologías cervicales con normalidad.

En el caso de que se realice una citología junto con un test de detección del VPH, y ambas pruebas sean negativas, se recomienda repetir la citología pasados cinco años.



¿Cuándo no es necesario hacer una citología vaginal?



No se recomiendan las citologías en mujeres muy jóvenes, antes de los 21-25 años, pues antes de esa edad el cáncer de cérvix es extremadamente raro. Además, en mujeres jóvenes y adolescentes es frecuente que existan alteraciones en la citología que desaparecen de forma espontánea. Tampoco se ha demostrado que el cribado con citología en mujeres jóvenes resulte efectivo. En general tampoco se recomienda realizar el test de detección del VPH antes de los 30 años.

No hay que hacer una citología a mujeres que no han tenido relaciones sexuales. Esto se debe a que el cáncer de cuello de útero se asocia prácticamente siempre a la infección por el virus del papiloma humano que se adquiere por vía sexual. Si no se han tenido relaciones sexuales, no existirá una infección por este virus ni riesgo de cáncer del cuello del útero. Las mujeres de más de 65-70 años, podrían parar de hacerse citologías si tienen tres citologías normales en los últimos 10 años, y la última se ha hecho en los últimos cinco años, aunque depende de si mantienen una vida sexual activa.

Finalmente, tampoco hay que hacer citologías a mujeres que has sufrido una histerectomía total por una patología benigna, es decir a las que se les ha extirpado completamente el útero por miomas u otras patología no tumorales. Si ya se ha extirpado este órgano, no es posible que aparezca un cáncer en el cérvix. Se siguen haciendo citologías si ha habido antecedentes de lesiones precancerosas o si el útero se ha extirpado a causa de un cáncer de cérvix.

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